martes, 16 de septiembre de 2014

Una buena manera de empezar

   Sé que septiembre no causa mucha simpatía porque significa el final de muchos ratos buenos. Pero no debemos dejarnos llevar por la nostalgia del verano, que volverá, como siempre, aunque será distinto. 
   Esta semana empezamos un nuevo curso y, la verdad, todos andamos un tanto nerviosos. Lo que no significa que haya que tener miedo o esperarse lo peor. No puedo prometer que estas clases vayan a ser lo más divertido o importante de vuestros próximos meses (tampoco deberían), pero espero que, al menos, os pique la curiosidad.
   El curso empieza hoy y me gustaría que lo vieseis como yo, con interés y expectación. Aprovechemos el tiempo (carpe diem y otras citas semejantes de los antiguos). Que no se nos escape la oportunidad, pues va a haber muchos días que valgan la pena como este. Algo que, más o menos, quiere decir esta canción:


lunes, 15 de septiembre de 2014

La voz del eco

   ¿Adónde llegarán las palabras que escribimos ahora? ¿Y las que dijimos ayer? ¿Rebotan, desaparecen, se enredan? ¿Para qué sirven? ¿Sorprenden, conquistan, enfadan, protestan?
   Las palabras, la lengua al fin, es el instrumento más complejo que ha inventado la especie y, al mismo tiempo, en una paradoja alucinante, parece sencilla, tan fácil de usar como inevitable. Ancestral y simple como una cuchara. De hecho, casi todo lo que hacemos, de una manera u otra, lo decimos o lo contaremos. Hasta los secretos y los recuerdos son pensados así.
   En esta pantalla, en la de tu teléfono, en las voces de la calle y la televisión todo depende de las palabras. Pero ¿dicen la verdad? ¿Son capaces de expresar con exactitud lo que sentimos, lo que se nos ocurre, de dar fe de lo que ocurrió, de convencer a aquel pesado de que tenemos razón o de que se ha equivocado, de pedir perdón?
   No son tareas fáciles, pues hay unas enormes posibilidades de fallar. Pero los lenguajes guardan siempre una carta en la manga, un mecanismo sorpresa: son capaces de cualquier cosa con tal que los exprimas un poco, les des la vuelta, busques la expresión perfecta en lo inesperado, esperando, eso sí, que el otro, a veces después de muchas vueltas, por fin lo entienda.
   Eso es lo que ha intentado Jorge Drexler en esta canción: explicar la confusa y frágil relación entre el que dice y el que escucha a partir de una palabra
   ¿Te parece que lo ha conseguido? ¿Se entiende? ¿Tiene algún valor su texto? ¿Lo tendrá años o décadas más tarde? ¿A qué se parece? ¿Te gusta?




ECO

Esto que estás oyendo 
ya no soy yo.  
Es el eco del eco del eco 
de un sentimiento; 
su luz fugaz 
alumbrando desde otro tiempo, 
una hoja lejana que lleva y que trae el viento. 

Yo, sin embargo, siento
 que estás aquí, 
desafiando las leyes del tiempo 
y de la distancia. 
Sutil, quizás, 
tan real como una fragancia: 
un brevísimo lapso de estado de gracia. 

Eco, eco,
ocupando de a poco el espacio 
de mi abrazo hueco….. 

Esto que canto ahora
continuará 
derivando latente en el éter, 
eternamente….  
Inerte, así, 
a la espera de aquel oyente 
que despierte a su eco de siglos de bella durmiente.. 


Eco, eco,
ocupando de a poco el espacio 
de mi abrazo hueco….. 

Esto que estás oyendo 
ya no soy yo…

miércoles, 25 de junio de 2014

Escribir para leer

No creo que descubra nada si afirmo que una de las maneras más interesantes de leer es escribir. Lo sabía, por supuesto, Borges, que ya puso a un personaje suyo a reescribir, precisamente, el Quijote. Crear la voz de un narrador que cuente la historia de unos personajes como don Quijote y Sancho supone, desde luego, entender cómo se comportaban en el relato original, que tan lejano parece.
El propósito de estos capítulos totalmente apócrifos es sacar a sus protagonistas de la urna del museo, experimentar con ellos, actualizar su trama (tal vez hasta el disparate). Sospecho que a Cervantes, en esta ocasión, no le habría importado tener semejante número de usurpadores, pues se aprecia en ellos un cariño que no tuvo Avellaneda, cierta familiaridad, un punto de comprensión y amabilidad con sus criaturas.
No se puede encontrar un hilo argumental en este puñado de historias, aunque ciertos aspectos comunes hacen sospechar que algunos significados de la obra original han permanecido ocultos para los expertos hasta que los autores que aquí se recogen los han podido interpretar.
Me refiero, por ejemplo, a la extraña relación sentimental que se establece entre don Quijote y Sancho, sus diferentes viajes por mar y tierra a Italia, la Galia o la Tierra Media, los extraños sueños de don Quijote o la alusión al tiempo que pasó en coma, sus encuentros con gente extraña como Légolas o Marty McFly...
En definitiva, estos autores han logrado forzar la maravillosa máquina narrativa creada por aquel tipo mediocre conocido como Cervantes para obtener una nueva cosecha de ocurrentes invenciones. Disfrútenla. ¡Salud!



También podéis llegar a ella por este enlace.

jueves, 5 de junio de 2014

Ángel González y el hip-hop

   No creo que los caminos del señor sean inescrutables, pero los de la poesía a veces resultan sorprendentes. Hoy algunos alumnos de 4º de ESO reconocieron un poema de Ángel González que estábamos leyendo. ¿Cómo es posible? ¿Tanto leen? ¿Tanto les gusta la poesía?
   Lección aprendida del maestro: la poesía no está solo en los libros y, por supuesto, no todo lo que aparece en los libros es poesía. Algunos versos del poema aparecen en esta canción. E incluso pudiera ser que toda ella no fuera más que su glosa. Resulta extraño. Ahí están, las eternas y cambiantes formas de lo mismo. Tal vez la mayor enseñanza sobre el arte que se pueda aprender.
   Os merecéis algo más que una buena nota. Gracias, rapaces.



Meriendo algunas tardes:
no todas tienen pulpa comestible.

Si estoy junto a la mar
muerdo primero los acantilados.
Luego las nubes cárdenas y el cielo
–escupo las gaviotas–,
y para postre dejo las bañistas
jugando a la pelota y despeinadas.

Si estoy en la ciudad
meriendo tarde a secas:
mastico lentamente los minutos
—tras haberles quitado las espinas—
y cuando se me acaban
me voy rumiando sombras,
rememorando el tiempo devorado
con un acre sabor a nada en la garganta.


Ángel González

domingo, 11 de mayo de 2014

Literatura universal

   La verdad es que el curso se va acabando. Dentro de apenas un mes y medio habrán pasado los ultimos trabajos y exámenes y hasta las notas. Pero el Bachillerato dura otro curso más y hay que prepararse para terminarlo. Dentro de unos días, durante el proceso de prematrícula, o en julio, cuando os matriculéis definitivamente en 2º, elegiréis las asignaturas optativas que preferís cursar.
   Dentro de la oferta para 2º (mayor que en ningún otro curso) se encuentra la asignatura Literatura universal. No es difícil imaginarse de qué va: en realidad no es más que una lectura inteligente de las obras y autores más importantes de la historia para extraer su relación con la evolución de la sociedad, del arte, de la estética o de la propia literatura.
   Se trata, pues, de un ejercicio muy interesante que, además, sale de las fronteras a las que nos hemos habituado, marcadas por la literatura en nuestras lenguas o de ámbito nacional. Así que, por fin, disfrutaremos en clase de Pessoa, Shakespeare, los Shelley, Kafka...
   Merece la pena acercarse a los modelos que desde siglos o décadas siguen conmoviendo a los lectores o inspirando a los autores. Leerlos no es solo una forma de saber, sino de pensar.

   La información está disponible en la página web del centro. Podéis, además, ver esta presentación:


   Y podéis descargarla aquí.

miércoles, 23 de abril de 2014

Libros que son más

   Salta a la vista que porque la Unesco designe el 23 de abril como Día del Libro no se va a leer más ni, lo que sería aún más deseable, mejor. Esta fecha suele ser más una manera de disimular el remordimiento por no haber dedicado el tiempo que alguien supone necesario a la literatura. Como si leer fuera una obligación moral, heredada en parte de aquella época en que no todo el mundo podía hacerlo. 
   Sin embargo, ahora que al menos en Europa el acceso a la literatura no es una cuestión de clase, es un arte paradójico, que anda siempre dividido entre el acontecimiento comercial (mejor si en vez de una novela son trilogías) y las sectas de freaks o nerds o, simplemente, las clásicas ratas de biblioteca.
   En este sentido, las conmemoraciones cumplen con otra parte del ritual: la nostalgia por aquellos tiempos en que la literatura era tomada más en serio y los escritores eran personajes admirados y seguidos por millones de lectores, puras estrellas. Algo que, por otra parte, no tiene por qué ser bueno ni conveniente.
   Da la casualidad de que los dos últimos ejemplos de este intento melancólico fueron contemporáneos durante la última época "revolucionaria" de la literatura, la del tercer mundo: durante los años 50, pero sobre todo a partir de los 60 se publicaron, concentradas en un escaso espacio de tiempo, gran parte de las obras maestras de la narrativa latinoamericana. Estas, desde luego, cambiaron la historia de la literatura en castellano, pero llegaron a influir en todo el mundo.
   Semejante evento tenía, como la aparición de los Beatles, algo de preparación y negocio, pero una buena parte de explosión del ingenio. En aquellos años andaban publicando, por ejemplo: Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Borges, Vargas Llosa, Manuel Puig, Bryce Echenique, Ribeyro, Lezama Lima, Roa Bastos, Donoso y un largo etcétera del que forma parte, por ejemplo, Elena Poniatowska, a quien han concedido el Premio Cervantes de este año.
   Pero las conmemoraciones de este año son para Julio Cortázar, por el centenario de su nacimiento, y, por supuesto, Gabriel García Márquez, muerto hace apenas unos días.



   Se supone que ahora debería dedicar un buen número de líneas al elogio de ambos. Sin embargo, creo que ya se ha hecho mucho mal periodismo a su costa. Aquí quiero dejar apenas la sensación de alguien que los leyó justo cuando ya se estaban pasando de moda y que tuvo la sensación algo ingenua, hacia los 18 años, de que nunca había leído algo igual, de que, hasta entonces, se había perdido algo. 
   Me pasó con esas novelas emblemáticas cuyos principios ya suenan aprendidos, como el del Quijote: Rayuela y Cien años de soledad. Son historias excesivas, interminables, fascinantes, extrañas. No pretendo que os pongáis a leerlas inmediatamente. Pero sé que valió la pena:
¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. (Julio Cortázar)
Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo. Macondo era entonces una aldea de 20 casas de barro y cañabrava construidas a la orilla de un río de aguas diáfanas que se precipitaban por un lecho de piedras pulidas, blancas y enormes como huevos prehistóricos.  (Gabriel García Márquez)
O este otro capítulo.
    Aunque parezca solo un tópico, hay libros que son mucho más que eso. Están ahí, seguro, esperando. No tienen prisa. No obligan a nadie. No os los perdáis.


domingo, 26 de enero de 2014

El hombre que escribía comedias después de muerto

   Parece que Lope de Vega (1562-1635), como el Cid según la leyenda, se resiste a morir, pues esta semana se confirmó la noticia de que se le ha atribuido una nueva comedia. La historia es la siguiente: 
   De todas las obras que Lope compuso no se encontraron libros o manuscritos sino de unas pocas (unas 400). Sin embargo, el propio Lope aseguraba haber compuesto hasta 1500 e incluso elaboró una lista de sus títulos. Sucedía que las comedias se escribían con la única intención de ser representadas y sus manuscritos circulaban entre las compañías de actores, pero raramente pasaban a publicarse en libro y no había por qué guardar las copias que servían para los ensayos. Durante el siglo XVII, pues, se estrenaron miles de obras de las que nunca se tendrá noticia. Hay que recordar que el teatro, por entonces, se convirtió en un verdadero espectáculo de masas y necesitaba un buen número de autores, de obras y de compañías para contentar a un público verdaderamente amplio.
   Lope, además de ser el autor teatral más conocido, compuso comedias a un ritmo frenético y llenó una y otra vez los teatros con esa tremenda cantidad de versos (aquí tenéis una muestra). Exagerara o no en el número de sus obras, los filólogos suelen coincidir en que compuso entre 300 y 500 (aquí hay una lista con 414) y que muchos de los títulos se perdieron, pues de ellos no sobrevivió ninguna copia. Estas obras perdidas de Lope podrían llegar a ser más de 200. 
   Pues bien, revisando el archivo del duque de Osuna en la Biblioteca Nacional se encontró un manuscrito cuyo título coincidía con una de esas comedias perdidas. Un investigador comprobó que, efectivamente, era la copia hecha por el director de una compañía en 1631, unos 16 años después de que Lope la compusiera. El documento, que puede consultarse íntegramente en la Biblioteca Digital Hispánica, tiene mucho encanto para quien muestra interés por lo literario, pues tiene una caligrafía apresurada y es bastante descuidado. 
   Sobre todo, permite darse cuenta de cómo trabajaban y qué medios utilizaban los verdaderos incomprendidos de esta historia: toda aquella gente que, con miles de versos en la cabeza, se dedicaba a representar aquellos textos, que hoy se admiran desde cómodas butacas, mientras daban tumbos de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo comiendo mal, durmiendo poco y cobrando menos a cambio de su ingenio, ya fuera escaso o portentoso. Sin ellos y sin la fama que le proporcionaron, Lope no habría pasado de ser otro meritorio poeta más. Recordémoslos viajando apiñados en carretas o cosiendo sus propios trajes, como muchos actores siguen haciendo aún ahora.
   No es que sea una aventura de Indiana Jones, pero la historia de la literatura, por modesta que sea,  aún puede resultar emocionante.